sábado, 22 de agosto de 2015

EL CLIENTE ESPAÑOL Y LOS HÉROES





De "El ala oeste..." tengo varios capítulos que aún retumban en la memoria. La escena que aparece al clicar en este comentario pertenece a uno de ellos.

Utilizo muchas de las secuencias de esta serie como referentes a la hora de presentar proyectos a clientes que desean cambiar su imagen y percepción de marca. 

Nunca consigo que la cosa funcione. 

Lo sé de antemano, mi cliente español (la mediana empresa, la gran empresa, la multinacional, la formación política), en realidad no quiere cambiar, quiere que la gente cambie. Desea y paga para que, por artes ocultas y ciencias infusas, el consumidor y el elector varíen su opinión y vean como bueno lo que días atrás veían como malo. Con sólo mencionar esa supuesta reconversión practicada en el PP (con resultados tan siniestros como jocosos), ilustro a la perfección este hecho.

Pero, ya fuera del ámbito político, él, el cliente español, la junta directiva de cualquier entidad reconocible, sufre el mismo anquilosamiento. De eso de cambiar, nada de nada. El cliente quiere seguir siendo lo que fue y así envejece, sin recordar que en sus inicios, para instalarse en el podio, utilizó estrategias transgresivas, frescas y hasta chapuceras; un tiempo que aún no le queda demasiado alejado donde se rompieron muchas reglas y no pasó nada malo por ello. Todo lo contrario. Recordemos que la ya malsonante "Marca España" nació de todos los cambios y movimientos artísticos surgidos durante aquellos años de "La movida" y que, merodeando por allí, entre un puñado de tipos listos, estaba un tal Amancio Ortega mirando a ver qué sacaba de tanta hombrera dislocada, tanta arruga y tanta libertad. Pues como él, mucho empresario con "ojo" supo sacar partido de la incontinencia y ahora ya ni se acuerda de cómo fue posible todo aquello. Digamos que a todos ellos, casi sin excepción, se les ha olvidado coleccionar moscas...

Pero el caso es que la realidad ha cambiado y el cliente español se ha vuelto completamente conservador al igual que le ha ocurrido a Europa. No hay manera de hacerle comprender que en la libertad de expresión y en la libertad creativa hay un gran negocio. No lo entiende él porque no lo entiende su junta directiva su filtro, la cual sólo tiene una motivación: resistir en el puesto generando dinero cuando, por el contrario, debería generar riqueza demostrando para qué sirve un puesto directivo. La diferencia entre ambos conceptos se aclara con sólo ver cómo un tipo podrido de pasta no tiene más remedio que intentar robar un Picasso si quiere tenerlo en su poder. Ahí es donde reside la diferencia entre dinero y riqueza.

Y por eso EEUU (la cuna del conservadurismo más radical) nos termina pegando siempre una patada en el culo puesto que, aunque en Europa se inicien las revoluciones (y los desastres), los cambios totales, mediáticos e ilusionantes de esas revoluciones los culminan ellos.  Sólo debemos mirar la evolución legislativa respecto al colectivo LGTB en Europa y comparar sus resultados mediáticos con los de su evolución legislativa estadounidense. Tras su caminar penoso, al final, el bombazo mediático se consigue en EEUU y ser pro LGTB se convierte en una moda en todo el mundo gracias a ellos. Serán conservadores (perdón demócratas, vosotros también lo sois aunque menos) pero saben contemplar el mar y decidir si venderán colchonetas, tiburones o tablas de surf o si, para triplicar la eficacia, lo mejor es invertir en una película donde se vean colchonetas, tiburones y tablas de surf.

"El ala oeste..." es un claro ejemplo de esto que digo. En 1999 eran capaces de meter caña con temas que no se han resuelto hasta hace bien poco (y con comillas) y, atreviéndose, sacaron un beneficio enorme de la aventura. Hablar de lo que la gente cree que no se puede hablar como ya he dicho es un negocio rentable.

Aún estando conforme con la crítica que se suele hacer de cualquier producción estadounidense de corte político, debemos admitir que nadie se flagela como ellos para sacar buen rédito y lograr que la población republicana o demócrata siga pensando que todo es posible en su país; que, en EEUU, si luchas con todas tus fuerzas por conseguir cambiar las situaciones anómalas, las intransigencias, el residuo del pasado; tienes muchas probabilidades de salir bien parado. El "sueño americano" lo fabrican mostrando la épica del individuo revolucionándose contra el sistema establecido, contra la ignorancia establecida y contra la corrupción establecida. Lo fabrican desde la ficción como es el caso de "El ala oeste..." o dado que tienen un catálogo completo y actualizado de estas vidas revolucionarias desde la construcción del mito con todas las víctimas, una tras otra, de su propio sistema.

Hacia la catarsis desde la incongruencia: el sistema, que asesina al revolucionario, fabrica un mártir con su víctima para impulsar movimientos que cambien el sistema. Pese a imitar el modelo católico, no se puede negar que consiguen resultados más efectivos y eficaces sin necesidad de milagros y dogmas de fe.

De este modo, surge una comparación con nuestra extraña Europa y aún más con España. Mientras que allá en los "estates" hacen todo lo posible para subir a un pedestal a todo aquel que se atreve, lucha, pierde, gana, continúa o cae luchando por la dignidad o por su sueño; aquí les preparamos un funeral secreto a esos mismos personajes. Les aplaudimos para comenzar a aventar la tierra bajo sus pies. Preferimos la pesadilla al espejo. Ni tenemos héroes actuales ni los fabricamos para que nada ni nadie nos recuerde nuestra cobardía. Asistimos a la rapiña de los pueblos desfavorecidos, al espectáculo de sometimiento que se le ha impuesto a un estado soberano como es el griego, a nuestro ahogamiento encubierto y, en lugar de apoyar a los revolucionarios, a los que se atrevieron a decir "esto no puede seguir así", "debemos dejar de depender", "debemos generar nuestra propia riqueza para que nos respeten"; terminamos por asumir que la vida es un matadero y que lo mejor que se puede hacer siendo un cordero es poder comer lo que te echen hasta que la maquina te triture. Es más, en lo que supone el colmo de los colmos, en este país somos capaces de llevar esta práctica hasta con nuestro mayor producto de consumo mediático: y es que hasta los héroes de nuestro fútbol caen, sin motivo aparente, víctimas de muchas quijadas. 

En definitiva, en España no se salva ni se quiere a nadie que nos demuestre que, luchando hasta el último aliento, se puede transformar esta situación absurda que vivimos. La enumeración y evaluación de los motivos de esta idiosincrasia hispánica darían para otro artículo pero, sin duda, se podrían concretar en tres: el hecho de vernos obligados a retroceder ochenta años para encontrar referentes heroicos; la existencia de toda una generación que ni siquiera oirá hablar de ellos y, finalmente, que el resumen que quedará de esos héroes, para esa generación o para otras, es que al final toda esa lucha trajo consigo décadas de derrota. 

Quizá por esa razón, porque las juntas directivas de mis clientes españoles saben cómo somos, siguen pidiéndome que les fabrique un "postureo" en lugar de una postura, una trinchera en lugar de un riesgo, una copia en lugar de un original, un seguir con los mismo en lugar de un cambio del modelo, una mentira en lugar de la verdad, y algo que se rompa pronto en lugar de apostar, de una vez por todas, por la calidad y la potencia que nos caracterizó cuando vivimos fuera del establo.

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